Unlimited Love

El GL tailandés tiene un problema de fondo que sus fans aprenden a gestionar como se gestiona el jet lag: con resignación y algo de cafeína. Las protagonistas tropiezan con sus propios sentimientos durante episodios enteros, toman decisiones que desafían cualquier lógica adulta, y el deseo se comunica mayormente a través de miradas largas y malentendidos evitables. Unlimited Love no escapa a esa tradición (ni lo pretende). Lo que sí hace, con una honestidad refrescante, es convertir esa torpeza en su razón de ser. Si el género ya bordea el absurdo involuntario, esta serie decide cruzar la línea con toda la intención: el ridículo aquí es el género, no el accidente.

Unlimited Love llega bajo el sello #Englot. La premisa es, en efecto, un pretexto delicioso. Plu, despedida por ejercer justicia poética contra un superior que no entendió la palabra “límites”, termina cofundando Unlimited Company junto a Ray, una mujer de apariencia adinerada cuya propuesta comercial consiste básicamente en aceptar cualquier encargo mientras el dinero alcance. Lo que podría ser el setup de una comedia romántica convencional se convierte en una estructura episódica de caos puro: clientes con necesidades absurdas, una plantilla de trabajadoras con talentos imposibles de prever, y un 90% del universo diegético que, aparentemente, siente atracción por otras mujeres. Sin drama. Sin explicación. Como si fuera lo más natural del mundo, porque lo es.

Aquí radica el gesto político más silencioso y más efectivo de la serie: la orientación sexual no es trama. Es atmósfera. El deseo sapphico no carga con el peso de la representación solemne; existe como dato del paisaje, como el color de las paredes o el café en el escritorio. Las mujeres se enamoran, se celan, se persiguen y se besan entre misiones ridículas. El melodrama ha salido del edificio.

Con once protagonistas más un elenco rotativo de secundarios, el vestuario sostiene el tono sin tropezar: cada personaje porta una estética coherente que funciona como subtexto de carácter. Patcha, con su energía tomboy sin disculpas, habita sus trajes como quien lleva la piel puesta. Aoom, en su arco de villana, se mueve por el encuadre como si los ángulos le pertenecieran. El departamento de vestuario libró una batalla con once frentes simultáneos y la ganó con estilo.

Michelle Behrmann, cuya trayectoria dentro del GL tailandés incluye una notable variedad de géneros y parejas, entrega aquí una actuación que confirma lo que sus seguidoras ya saben: su comicidad no es accidental. Comprometerse al cien por ciento con el absurdo (incluyendo, según la crítica especializada, un baile en traje de ghillie que se ha convertido en referencia de la temporada) requiere una seguridad actoral que pocas intérpretes tienen. La risa fácil es difícil de fabricar.

Pero el tono de comedia pura aplana la intimidad emocional; los besos existen, pero flotan sin el peso que el espectador de GL suele buscar. La pareja central, #Englot, aguarda hasta el episodio final para un cierre que llega justo cuando el apetito se ha agudizado al máximo. La química, ese ingrediente ingobernable, es irregular a través del conjunto: algunas parejas desprenden electricidad, otras comparten pantalla con la cordialidad de colegas en una reunión de equipo.

Unlimited Love es algo más modesto y, en ciertos aspectos, más radical: una comedia que habita la diversidad afectiva sin solemnidad, que convoca a once mujeres con distintos cuerpos, edades representadas, estéticas y temperamentos, y les da permiso para ser ridículas.