Music Story: Losing control

Losing control

Hay una imagen que condensa Music Story: Losing Control mejor que cualquier sinopsis: una mujer rica, sola en su propio cumpleaños, que ha invitado a dos mujeres distintas a la misma fiesta. No por crueldad, sino porque la soledad, cuando se vuelve crónica, produce cierta temeridad. Esa escena (que existe sin necesidad de ser descrita en detalle para quien ya la vivió) es el corazón exacto de lo que esta miniserie tailandesa tiene para ofrecer: tensión construida con economía narrativa, humor negro, y una protagonista que funciona como espejo incómodo.

Producida por K11D HOUSE y estrenada el 23 de abril de 2025 en YouTube, Music Story: Losing Control llega en formato miniserie: seis episodios de aproximadamente 27 minutos, divididos en dos partes. La primera sigue a Queen (interpretada por Bmine Jiratchaya Komontut, cara conocida del género GL tailandés) en su intento de llenar un vacío emocional a través de una aplicación de compañía. Conoce a Sean, de carácter reservado y suave, y a Bam, directa y desbordante. La segunda mitad retoma esa historia meses después, cuando Queen regresa a su rol de CEO y el pasado reaparece: una como aspirante a asistente, la otra como influencer glamorosa en un evento corporativo.

El género GL tailandés lleva años construyendo un corpus propio, a menudo con presupuestos ajustados pero con una capacidad para la intimidad emocional que muchas producciones de mayor escala envidiarían. Losing Control pertenece a esa tradición, con la conciencia de sus límites y la inteligencia de no fingir lo que no tiene. Lo que tiene es otra cosa: un triángulo amoroso que subvierte la geometría habitual (aquí no hay villana, ni sacrificio redentor, ni el típico arco de autodescubrimiento lésbico que termina en disculpas), sino tres mujeres adultas navegando el deseo con distintos grados de honestidad.

Las actuaciones son el motor real. Bmine carga con la complejidad de Queen (su frialdad aprendida, su hambre mal disfrazada) sin caer en la caricatura de la mujer poderosa incapaz de amar. Sus compañeras de reparto, Mashi Pornthiphat Lertwuthanon y Mekkhala Naruthai Chatupharungroj, debutaron en pantalla con una presencia que no se negocia. Los giros narrativos que la serie acumula (y son varios, algunos genuinamente imprevisibles) funcionan porque las actrices los sostienen desde adentro, no desde el artificio.

Su limitación más evidente es también su forma: seis episodios cortos que dejan a los personajes con más historia que tiempo para contarla. La segunda mitad siente la presión de resolver lo que la primera abrió con tanta generosidad. Algunos giros llegan demasiado rápido. El mundo que rodea a Queen (su empresa, su historia previa, su vida fuera del deseo) permanece apenas esbozado.

Pero quizás ese sea el punto. Losing Control propone que la intimidad (real, desordenada, sin garantías) ocupa más espacio que cualquier contexto. Y que a veces la soledad no se cura con la persona correcta, sino con la decisión de dejar de controlar quién entra.