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Una mujer confiesa frente a sus amigas, bajo los efectos del éxtasis, que nunca ha tenido un orgasmo. Lo hace en su propia despedida de soltera, rodeada de viñedos californianos y de la mujer con quien está a punto de casarse. La revelación no cae como bomba: cae como piedra en un estanque, generando ondas que alteran cada conversación posterior. Esto es The Feels, el segundo largometraje de Jenée LaMarque, una película que promete hablar del placer femenino y termina hablando de algo más incómodo: la mentira como refugio dentro de las relaciones que creemos más íntimas.

La premisa suena a comedia de situación descarrilada, y en parte lo es. Lu (Angela Trimbur) y Andi (Constance Wu) organizan un fin de semana conjunto de despedida de soltera en una casa alquilada en el condado de Sonoma. El elenco incluye a la hermana de Lu, recién separada; al mejor amigo de Andi, un hombre hetero cuya presencia funciona como contrapunto torpe; a una cantautora berlinesa interpretándose a sí misma; y a Regular Helen, una chef butch que se convierte en el alivio cómico más efectivo del filme. La mezcla es deliberadamente incómoda: personas que apenas se conocen, forzadas a compartir espacio y secretos.

LaMarque filmó The Feels con un enfoque casi documental. El guion, coescrito con Lauren Parks, funcionó como un esquema de veinte páginas sobre el cual las actrices improvisaron sus diálogos. El resultado es un ritmo conversacional que recuerda al mumblecore estadounidense: frases que se superponen, silencios incómodos, la sensación de estar escuchando conversaciones reales en lugar de líneas ensayadas. La editora Steph Zenee Perez logra mantener una cadencia ágil que solo decae en momentos puntuales del segundo acto.

La fotografía de Kristin Fieldhouse opta por una estética cálida e íntima que aprovecha la luz natural del norte de California. La cámara, frecuentemente en mano, sigue a los personajes con una cercanía que puede resultar claustrofóbica o reconfortante según el espectador. Esta elección visual refuerza la cualidad confesional del filme: hay una textura casi casera en las imágenes, como si estuviéramos viendo videos de unas vacaciones entre amigas que se complicaron.

Uno de los recursos más particulares de la película son las viñetas estilo entrevista donde cada personaje habla directamente a cámara sobre su primer orgasmo. Estos testimonios funcionan como ventanas a las historias personales que informan las dinámicas del grupo. Una de las participantes menciona haber crecido en una familia de Medio Oriente donde el placer femenino era un tema inexistente. Otra recuerda cómo su educación sexual se limitó a la anatomía masculina mientras que a su propio cuerpo lo llamaban con eufemismos. Estos fragmentos revelan algo que la trama principal apenas roza: el placer de las mujeres sigue siendo territorio vergonzante, incluso para mujeres adultas, incluso en 2017.

El verdadero mérito de The Feels reside en su decisión de no tratar la relación como novedad ni como problema. Andi y Lu no están cuestionando su sexualidad; están cuestionando su comunicación. La crisis no surge porque sean dos mujeres, sino porque una de ellas ha mentido sobre algo fundamental durante toda la relación. Es un conflicto que podría existir en cualquier pareja, lo cual resulta refrescante en un panorama donde el cine lésbico frecuentemente reduce las relaciones entre mujeres a su componente de descubrimiento o tragedia.

Constance Wu, entonces conocida principalmente por su trabajo en Fresh Off the Boat, aporta una intensidad contenida al papel de Andi. Su personaje es controlador, seguro de sí mismo hasta el punto de la intimidación, y Wu logra transmitir la vulnerabilidad bajo esa fachada sin recurrir a grandes gestos dramáticos. La química con Trimbur funciona precisamente porque hay fricción: creemos que estas dos mujeres se aman y también creemos que les cuesta trabajo entenderse. Angela Trimbur, quien se identifica públicamente como bisexual, aporta autenticidad a Lu sin convertirla en víctima ni en villana: es simplemente alguien que no supo cómo hablar de lo que le faltaba.

Ever Mainard merece mención aparte por su interpretación de Regular Helen, un personaje que en otras manos habría sido caricatura butch de manual. Mainard, comediante de stand-up abiertamente queer, ganó el premio a Mejor Actriz en el Outfest de Los Ángeles por este papel. Su Helen es socialmente torpe, generosa con la marihuana, absolutamente carente de filtro, y su viñeta de entrevista es posiblemente la secuencia más genuinamente divertida del filme.

También persiste la pregunta incómoda sobre la autoría. LaMarque se identifica como heterosexual (aunque ha mencionado estar «abierta sobre sus experiencias con mujeres»), y esto generó debate en círculos queer sobre quién tiene legitimidad para contar historias lésbicas. La película no cae en los tropos más problemáticos del cine sáfico dirigido por hombres —no hay escenas de sexo diseñadas para la mirada masculina, no hay tragedia obligatoria—, pero tampoco alcanza la especificidad vivencial de obras como Desert Hearts o Bound. Es competente, pero rara vez reveladora.